“Un joven le pidió a un padre la mano de su hija

y la recibió en una caja, era su mano izquierda.

Padre: Me pediste su mano y ya la tienes …”

Patricia Highsmith

Hablar de la escritura nos conduce al concepto de goce, que es posible de abordar sólo a partir de su pérdida: al convertirnos en sujetos deseantes este se desprende, cae del cuerpo el objeto a, el objeto capaz de devolvernos al estado mítico de satisfacción absoluta. Es así, que en el sujeto excluido del goce sexual, este goce vuelve a partir de un síntoma que se inscribe en el cuerpo, y es a partir de un trabajo de lectura que se posibilita un proceso de transformación del goce del cuerpo al decir.

En primer lugar, y para sotener aquello, hay que pensar la escritura como la vehiculización de la imagen, y una explicación de aquello la econtré en palabras de Carlos D, Peréz:”¿Qué hubiese visto Narciso de no haber sido tan narcisista? El agua espejando su imagen, pero agua al fin; para ello necesitaba algo interpuesto, algún material flotando en la superficie. Supongamos que mientras se hallaba extasiado ante la presencia amada una botella vacía, una lata o un barquito de papel arrastrado por la corriente se hubiese interpuesto entre él y la imagen ideal; el encanto habría cesado instantáneamente. No otra cosa es la función de la escritura, cuya opacidad obliga a leer una sombra, evidencia a la vez de una imposibilidad y la consolidación de otra instancia, la del elemento que interfiriendo el espejo reclama consideración”.

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Daniela Alarcón

“W o el recuerdo de la infancia”: curioso titulo eligió Perec para la que podríamos llamar su pequeña autobiografìa, curioso digo por aquella conjunción: la “o”, que nos da la posibilidad de escoger entre dos posturas, la primera sería la de elegir entre “W” o bien “el recuerdo de la infancia” como alternativas, como cosas diferentes entre las cuales escoger. La segunda es la de leer el titulo como dos opciones para la misma cosa, aquí lo que se denota es equivalencia, es decir: a la misma cosa se le puede llamar “W” o bien “el recuerdo de la infancia”. Con esta última opción me quedo yo, la opción que me permite ubicar a “W”, ese relato escrito por Perec al rededor de los 13 años, como el recuerdo de infancia que viene a llenar esa frase con la que comienza su relato: “No tengo recuerdos de infancia”.

Antes que todo quisiera hacer una ubicación temporal del autor: George Perec nace en París y su infancia estuvo marcada por la ocupación nazi en Francia, su padre muere en la guerra y su madre es deportada y muere en un campo de concentración. Es precisamente aquí donde esa frase, que resulta ominosa, cobra sentido: “No tengo recuerdos de infancia” ¿será que le fue imposible vivir una infancia propia? Al parecer la respuesta es sí, y el mismo lo pone de manifiesto: “Estaba eximido: otra historia, la Grande, la Historia con su gran hache había respondido por mi: la guerra, los campos de concentración” (1). La Historia, con mayúscula, ocupó el lugar que debía tener la historia de su infancia.

Entonces, ese vacío que supone el hecho de no tener recuerdos de infancia puede ser colmado, y hay dos opciones para hacerlo. Primero; con el cuento que escribió en su infancia. Segundo; con la la Historia y su gran hache. ¿Serán ambas cosas en verdad diferentes?. Quizá lo más lógico es pensar que lo son, después de todo los hechos historicos cuentan guerras y holocausto, sin embargo, al detenerse en las características de esta ciudad deportiva, a la cual Perec pone el nombre de “W”, cualquiera se daría cuenta que de que es bastante similar a un campo de concentración, y uno donde el deporte tiene el rol primordial. Es una ciudad, verdaderamente militarisada, en torno al deporte y al triunfo.

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Mónica Hevia

El trabajo que llevaré a cabo, tiene relación a las características estructurales de las psicosis y las intervenciones posibles en su clínica, basándome en la posición del analista en esta relación transferencial.

“La condición de sujeto (neurosis o psicosis) depende de lo que tiene lugar en el Otro”. Como sabemos, en un inicio sólo existe el viviente, en él, sólo hay satisfacción pulsional, se es uno con el deseo de la madre y se vive en la ilusión de que somos el objeto del deseo del Otro, sin embargo algo debe venir a inscribirse, el Otro, que es lugar del lenguaje que funda el inconsciente en tanto lugar de una otra escena, una alteridad que nos atraviesa, nos determina y es desde donde el sujeto se constituye, es decir, los significantes se apropian del sujeto, esta es la inscripción de la metáfora del Nombre del Padre, la cual impone la ley. Así se pasa del S1, al S2 en la neurosis.

En las psicosis hay efectivamente sujeto y además, este es condición de lo que sucede en el Otro. En relación a esto es posible decir que, el psicótico se constituye en tanto sujeto, definido por la ausencia del Otro, hay un Otro que no se inscribe, hay forclusión del Nombre del Padre, ya que la inscripción de este significante que representa a la ley no se efectuó, o más bien, se efectuó, pero a destiempo y así el sujeto no tuvo noticias de ello, por esto decimos que es excluido el significante de la castración, entonces el psicótico se enfrenta con la castración en lo real, queda inscrito en lo real y no puede echarle mano a lo simbólico, como el neurótico. Al no haber castración, tampoco hay represión, el S1 está petrificado. Este sujeto, queda en posición de ser objeto del goce del Otro, hay un otro que goza de él -goce que está prohibido en la neurosis por efecto de la ley paterna- y por ende queda imposibilitado de establecer un lazo social. Entonces es posible decir que el psicótico está desabonado del inconsciente, desenganchado del Otro, por lo tanto fuera del discurso, hay un rechazo del inconsciente y por tanto, se ubica en el registro de lo imaginario, a-a’.

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Daniela Alarcón

Carolina Silva

Queremos situar este trabajo en el contexto teórico de la transferencia, aplicada a la observación en la sala de espejo de un niño de 14 años que llega al consultorio derivado del colegio. El motivo de consulta que describe el niño, y su madre en primera instancia, es una evaluación psicológica por presentar, en su escuela, problemas conductuales importantes, que lo han llevado a quedar “condicional”. Posterior al psicodiagnóstico, se le sugiere psicoterapia, la cual no ha tenido problemas de aceptar.

Ocuparemos para este análisis, entonces, la orientación lacaniana del concepto, ¿Qué es la transferencia desde esta perspectiva? Para comenzar a responder esta pregunta, es necesario aclarar brevemente, el concepto de Sujeto para Lacan, y así lograr comprender un poco mejor de lo que hablaremos: un Sujeto es lo que representa un Significante para otro Significante, por lo tanto, no se encarna en ninguna persona y en la situación analítica surge entre analista y analizante.

A partir de esta aclaración, es posible comenzar a trabajar con el concepto escogido. La dinámica de la transferencia es un hallazgo clínico de Freud, quien trabajaba con la técnica de la asociación libre. Pedirle al paciente que asocie libremente, no es sin consecuencias., es decirle “hable todo lo que se venga en la cabeza” y formar una relación muy particular que es la transferencia, esta es muy diferente, por ejemplo, al vinculo intersubjetivo el cual esta en el área de la psique, de la psicología mientras que la transferencia esta en el área del psicoanálisis, es decir, la transferencia, desde esta perspectiva, no tiene nada que ver con lo que sentimos. La asociación libre es decirle al paciente “olvídese de mi”, “hable cualquier cosa”, no es una conversación, en las conversaciones no hay significantes, hay signos o significados, por lo que en la conversación habría que hacer que los significantes signifiquen correctamente lo mismo que los significados, ¿Y quien sabe eso? Ahí esta la psicología, no Freud y no Lacán. Entonces Freud, a partir de la asociación libre se dió cuenta de que en algún minuto se producirá una ausencia de representación, de significantes, donde hay una ausencia Real: “Me refiero al caso en que realmente faltan, y no, por ejemplo, cuando son silenciadas por él a consecuencia de un trivial sentimiento de displacer” 1. Lacán entonces descubre en el texto freudiano una vía por la cual es posible intervenir en lo Real, es decir, donde la causa está presente. Freud además se da cuenta de que en este espacio de no representación, de repetición que se produce en la clínica analítica y que no tiene que ver con la repetición del pasado ni con la repetición de significantes, los pacientes ponen en escena al analista, es decir, lo resitúan en una posición de falta total, en el lugar de un objeto que no está, que se presenta sin mediación simbólica, a este objeto Lacan lo llama objeto a, ese objeto es un objeto que no existe, es tan real que no existe, que no posee particularidades, que se caracteriza por no tener representación, es un objeto causa y lo que causa es la transferencia. Al ser un objeto que brilla por su ausencia, al no existir, puede producir un afecto muy particular, que es la angustia: angustia de castración. Esto posibilita el elaborar significantes y ponerle significantes a eso que no tiene. Es importante, por esta misma razón, actuar en ese lugar, porque se está actualizando un goce esperado en el neurótico, ahí está la posibilidad de intervenir en ese goce.

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Daniela Alarcón

La palabra poder suele ser entendida de distintas maneras; como la facultad o facilidad para hacer algo, cualquiera que esto sea; cómo la posibilidad de que algo ocurra; o también se la puede asemejar a la palabra fuerza, ya sea física o moral. Sin embargo, al hablar de poder, la mayoría de las personas piensa en una relación de dominación, en la cual una de las partes es capaz de ejercer violencia sobre la otra, obligandole, a través de esta, a seguir manteniendo esta relación.

Antes que todo quisiera plantear una distinción que considero importante, ésta es la diferencia entre poder y fuerza, terminos comunmente confundidos, tomados por sinónimos, entendiendo que poder es tener más fuerza que alguien y a la vez que fuerza es la aplicación del poder. Sin embargo, Hannah Arendt nos ofrece la siguiente distinción: “Mientras que ésta (la fuerza) es la cualidad natural de un individuo visto en aislamiento, el poder surge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece en el momento en que se dispersan.”Es decir, el poder es una potencialidad ya que sólo puede ser obtenido por un conjunto de personas, al contrario de la fuerza que es una cualidad individual, personal y por lo tanto observable y cuantificable. De esta manera el poder no tendría tampoco relación con la materialidad, a diferencia de la fuerza, cuyos efectos son controlables y predecibles.

La confusión entre poder y fuerza puede deberse a que, como Hannah Arendt lo plantea, la fuerza es la única opción frente al poder, en sus palabras: “Bajo las condiciones de la vida humana, la única alternativa al poder no es la fortaleza -que es impotente ante el poder- sino la fuerza, que un sólo hombre puede ejercer contra sus semejantes y de la que uno o unos pocos cabe que posean el monopolio al hacerse con los medios de la violencia.”Es aquí donde se integran algunos conceptos interesantes de analizar, estos son: violencia, dominación y tiranía.

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Daniela Alarcón

Cristian Gutiérrez

Si nos detenemos a observar el complejo de Edipo de la niña y lo comparamos con el del varón podemos establecer una serie de diferencias que, por decirlo menos, llaman mucho la atención, principalmente debido a la relevancia que podrían tener en este caso específico, así entonces podemos observar claramente en el postulado Freudiano como el motivo que lleva a la niña al ya mencionado complejo es absolutamente distinto al caso del varón, ya que para este último el motivo principal es la angustia de castración, mientras que para la niña la puerta de entrada a este complejo es abierta por una herida narcisista, la cual se produce por la comprobación que hace sobre el hecho de que su clítoris es un correlativo inferior al miembro genital masculino, debido a esta comprobación se revela contra la madre, quien hasta ese momento ha sido, como en el niño, su objeto de amor, por esto la niña se distancia de ella, eligiendo en su lugar ,como objeto de su deseo, al padre, para dar entonces origen al complejo de Edipo femenino. De esta manera “En la niña falta el motivo para la demolición del complejo de Edipo. La castración ya ha producido antes su efecto, y consistió en esforzar a la niña a la situación del complejo de Edipo”1 ; a partir de esta información encontramos otra importante diferencia entre el complejo de Edipo femenino y el masculino, ya que la niña sólo puede tramitar este complejo a través de la represión, lo que hace que este cobre valor en su vida anímica normal.

En el caso de Dora podemos ver que su complejo de Edipo, en un principio, parecía seguir un cause, más o menos típico, ya que fue capaz de hacer un cambio de objeto exitoso, logrando tomar al padre como objeto de amor, y estableciendo la rebelión contra la madre a la cual no se le tomaba en cuenta, debido a su falta de inteligencia y la presencia, según Freud, de una psicosis de la ama de casa, así entonces la niña logró una muy profunda unión con su padre, tal vez aquí ya podemos vislumbrar el principal conflicto edípico presente en Dora, ya que al dirigirse hacia el padre, lo que debe preguntarse es ¿qué quiere?, qué quiere él de la madre, y en este caso pareciera que de ella, ya no quiere nada, incluso la vida sexual les esta vedada debido a la sífilis que afectó otrora a su padre, enfermedad de la que Dora está muy conciente, entonces el problema para ella es ¿cómo debo ser para que mi padre se dirija a mi?, aquí entra en juego la Sra. K, quien es la nueva dueña del deseo del padre, ahora Dora tiene un modelo a quien aspirar y en quien ubicar las mociones que no pudieron ser redirigidas hacia la madre, esto es tal vez, la reactualización del complejo dde Edipo, nunca superado por Dora. Algo que cabe mencionar es el papel preponderante de la madre, al ser siempre, en el niño y la niña, la primera elección de objeto, por lo que se puede suponer que hacia la Sra. K, al ocupar ahora el lugar de la madre de Dora, también dirige aquellas primitivas mociones tiernas que alguna vez correspondieron a la progenitora, razón por la cual podría explicarse la presencia de estas fuertes mociones inconcientes homosexuales que Freud descubre en ella, Dora entonces dirige sus mociones tiernas hacia el Sr. K, con el fin de establecer un vínculo con su esposa, esperando encontrar en ella la respuesta a la pregunta que tanto la agobia, qué es lo que quiere el padre, cómo puede de alguna manera llegar a atraer la atención del padre hacia ella. En medio de esta búsqueda, Dora por fin logra atraer la atención del Sr. K, con lo que parecía haber logrado la tan ansiada identificación con la dueña del deseo de su padre, pero es precisamente aquí donde se encuentra con una dura y determinante frase que cambia el curso de sus mociones de un momento a otro, el Sr. K, intenta seducir a Dora y en mitad de su acercamiento le dice: “De mi mujer no me importa nada”2. Ante esta frase la empresa de Dora se ve gravemente afectada, sus mociones sexuales para con el Sr. K, se derrumban súbitamente y una vez más queda a la deriva. Repentinamente se da cuenta de que no le sirve de nada el amor del Sr. K, a él ya no le importa su mujer, él ya no representa a su padre y su moción Edípica ya no se ve saciada. Él ya no tiene nada de su mujer, por lo tanto, a través de este ya no puede establecer el vínculo con ella.

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Katherine Jara

Marcela González

María Paz Pacheco

El eje central de nuestro trabajo se apuntala hacia la construcción que está realizando Hans de su fase edípica, que será primordial para su posterior formación del Superyó, clave en su camino hacia la inserción de él dentro de la sociedad, hacia la culturización, y al manejo y aceptación de las normas sociales.

Queremos enfocarnos en el rol desempeñado en los padres, desde el inicio de los intereses investigativos sexuales del pequeño Hans, que serán esenciales en su desarrollo, ya que son necesarios para la construcción del sujeto en tanto a lograr una moral sexual cultural, y que se encuentra adecuadamente focalizada.

Los pasajes que hemos elegido para presentar de una manera más concisa y probatoria nuestro trabajo se remontan desde que Hans aún no había cumplido los tres años de edad y en donde muestra un particular interés en saber si su madre posee un “hace-pipí” igual que él, para lo cual obtiene una respuesta afirmativa y, al mismo tiempo, será nuestro puntapié para comenzar con la investigación al tema a tratar. También frente al papel de la madre, quien quiere provocar una angustia en Hans, al momento en que él le pregunta a su madre el por qué no le toca su “cosita”, a lo cual su madre le responde diciendo porque es una “porqueria” y “no se debe hacer”. Y por último, al rol poco autoritario que tiene su padre cuando Hans acude al lecho de su madre y esta lo envuelve en su lecho, a pesar del reclamo del progenitor. Y el momento en que Hans le pregunta a su padre si está celoso porque él quiere quedarse con su madre, a lo cual adquiere una negativa de parte de su padre.

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