Daniela Alarcón
Cristian Gutiérrez
Si nos detenemos a observar el complejo de Edipo de la niña y lo comparamos con el del varón podemos establecer una serie de diferencias que, por decirlo menos, llaman mucho la atención, principalmente debido a la relevancia que podrían tener en este caso específico, así entonces podemos observar claramente en el postulado Freudiano como el motivo que lleva a la niña al ya mencionado complejo es absolutamente distinto al caso del varón, ya que para este último el motivo principal es la angustia de castración, mientras que para la niña la puerta de entrada a este complejo es abierta por una herida narcisista, la cual se produce por la comprobación que hace sobre el hecho de que su clítoris es un correlativo inferior al miembro genital masculino, debido a esta comprobación se revela contra la madre, quien hasta ese momento ha sido, como en el niño, su objeto de amor, por esto la niña se distancia de ella, eligiendo en su lugar ,como objeto de su deseo, al padre, para dar entonces origen al complejo de Edipo femenino. De esta manera “En la niña falta el motivo para la demolición del complejo de Edipo. La castración ya ha producido antes su efecto, y consistió en esforzar a la niña a la situación del complejo de Edipo”1 ; a partir de esta información encontramos otra importante diferencia entre el complejo de Edipo femenino y el masculino, ya que la niña sólo puede tramitar este complejo a través de la represión, lo que hace que este cobre valor en su vida anímica normal.
En el caso de Dora podemos ver que su complejo de Edipo, en un principio, parecía seguir un cause, más o menos típico, ya que fue capaz de hacer un cambio de objeto exitoso, logrando tomar al padre como objeto de amor, y estableciendo la rebelión contra la madre a la cual no se le tomaba en cuenta, debido a su falta de inteligencia y la presencia, según Freud, de una psicosis de la ama de casa, así entonces la niña logró una muy profunda unión con su padre, tal vez aquí ya podemos vislumbrar el principal conflicto edípico presente en Dora, ya que al dirigirse hacia el padre, lo que debe preguntarse es ¿qué quiere?, qué quiere él de la madre, y en este caso pareciera que de ella, ya no quiere nada, incluso la vida sexual les esta vedada debido a la sífilis que afectó otrora a su padre, enfermedad de la que Dora está muy conciente, entonces el problema para ella es ¿cómo debo ser para que mi padre se dirija a mi?, aquí entra en juego la Sra. K, quien es la nueva dueña del deseo del padre, ahora Dora tiene un modelo a quien aspirar y en quien ubicar las mociones que no pudieron ser redirigidas hacia la madre, esto es tal vez, la reactualización del complejo dde Edipo, nunca superado por Dora. Algo que cabe mencionar es el papel preponderante de la madre, al ser siempre, en el niño y la niña, la primera elección de objeto, por lo que se puede suponer que hacia la Sra. K, al ocupar ahora el lugar de la madre de Dora, también dirige aquellas primitivas mociones tiernas que alguna vez correspondieron a la progenitora, razón por la cual podría explicarse la presencia de estas fuertes mociones inconcientes homosexuales que Freud descubre en ella, Dora entonces dirige sus mociones tiernas hacia el Sr. K, con el fin de establecer un vínculo con su esposa, esperando encontrar en ella la respuesta a la pregunta que tanto la agobia, qué es lo que quiere el padre, cómo puede de alguna manera llegar a atraer la atención del padre hacia ella. En medio de esta búsqueda, Dora por fin logra atraer la atención del Sr. K, con lo que parecía haber logrado la tan ansiada identificación con la dueña del deseo de su padre, pero es precisamente aquí donde se encuentra con una dura y determinante frase que cambia el curso de sus mociones de un momento a otro, el Sr. K, intenta seducir a Dora y en mitad de su acercamiento le dice: “De mi mujer no me importa nada”2. Ante esta frase la empresa de Dora se ve gravemente afectada, sus mociones sexuales para con el Sr. K, se derrumban súbitamente y una vez más queda a la deriva. Repentinamente se da cuenta de que no le sirve de nada el amor del Sr. K, a él ya no le importa su mujer, él ya no representa a su padre y su moción Edípica ya no se ve saciada. Él ya no tiene nada de su mujer, por lo tanto, a través de este ya no puede establecer el vínculo con ella.
Leer el resto de esta entrada »