La palabra poder suele ser entendida de distintas maneras; como la facultad o facilidad para hacer algo, cualquiera que esto sea; cómo la posibilidad de que algo ocurra; o también se la puede asemejar a la palabra fuerza, ya sea física o moral. Sin embargo, al hablar de poder, la mayoría de las personas piensa en una relación de dominación, en la cual una de las partes es capaz de ejercer violencia sobre la otra, obligandole, a través de esta, a seguir manteniendo esta relación.
Antes que todo quisiera plantear una distinción que considero importante, ésta es la diferencia entre poder y fuerza, terminos comunmente confundidos, tomados por sinónimos, entendiendo que poder es tener más fuerza que alguien y a la vez que fuerza es la aplicación del poder. Sin embargo, Hannah Arendt nos ofrece la siguiente distinción: “Mientras que ésta (la fuerza) es la cualidad natural de un individuo visto en aislamiento, el poder surge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece en el momento en que se dispersan.”Es decir, el poder es una potencialidad ya que sólo puede ser obtenido por un conjunto de personas, al contrario de la fuerza que es una cualidad individual, personal y por lo tanto observable y cuantificable. De esta manera el poder no tendría tampoco relación con la materialidad, a diferencia de la fuerza, cuyos efectos son controlables y predecibles.
La confusión entre poder y fuerza puede deberse a que, como Hannah Arendt lo plantea, la fuerza es la única opción frente al poder, en sus palabras: “Bajo las condiciones de la vida humana, la única alternativa al poder no es la fortaleza -que es impotente ante el poder- sino la fuerza, que un sólo hombre puede ejercer contra sus semejantes y de la que uno o unos pocos cabe que posean el monopolio al hacerse con los medios de la violencia.”Es aquí donde se integran algunos conceptos interesantes de analizar, estos son: violencia, dominación y tiranía.
En primer lugar, la violencia, se entiende vulgarmente como el hecho de conseguir algo a través de la intimidación o la fuerza, lo que es curioso es que a través de la misma fuerza puede ser derrotada, por ejemplo, en un acto heroico de sacrificio, en el cual se lucha aunque en el acto se llegue a morir o bien cuando se soporta el padecimiento de manera estoica, en ambos casos “la integridad del individuo y su fuerza permanecen intactas”, dice Hanna Arendt. A pesar de esto la fuerza no se puede enfrentar al poder, ya que siempre se puede vencer a quien usa su fuerza en contra de los demás a través del agrupamiento de las personas, agrupamiento que genera poder.
En segundo lugar, la dominación es entendida como represión y como el poder que alguien ejerce sobre otra persona, sin embargo, a través de lo que he dicho ésta definición no sería la correcta en dos sentidos, primero porque el poder no consiste en represión, al menos no totalmente, ya que de este modo se entiende sólo al modo de una prohibición y segundo porque se lo vuelve a asemejar a la fuerza, por lo tanto, la dominación vendría siendo una relación de fuerza y no de poder.
En cuanto a la tiranía podemos decir que se desprende de la dominación ya que es una relación de fuerza que se da en aislamiento, en aislamiento ya que se funda en la mutua desconfianza, razón que impide que en una tiranía exista el poder, cuya principal característica es que sólo se da en conjunto, de este modo la tiranía misma funda las cimientes de su destrucción porque “es incapaz de desarrollar el poder suficiente para permanecer en el espacio de la aparición, en la esfera pública”, indispensable, a la vez para la generación del potencial de poder, debido a que es en la esfera pública en la cual los hombres interactúan entre sí, aquí se da la posibilidad para que los hombres vivan juntos. En este punto surje una cuestión interesante, y es la relación entre el poder y la política, entre el poder y el discurso.
La política, para Hannah Arendt, no es aquello que tiene que ver con el gobierno de una nación y mucho menos con las cuestiones sociales, sino como el lugar en donde es posible entablar un dialogo entre personas libres e iguales, donde hay palabra y acto. Aquí surje una interrogante, Hanna Arendt es categórica y dice: “El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades”de este modo, si aceptamos la definición que ella nos plantea de política, ¿el poder sólo es posible en la política?.
Antes había dicho que la condición para que hubiese poder era que existiera un conjunto de personas, pero ¿cualquier conjunto sirve?. No. Este conjunto de personas debe construir un discurso común, es decir, sólo surje donde palabra y acto no se han separado, de este modo el poder contribuye al mantenimiento de la esfera pública que es el lugar en el cual se juega la política y a su vez la esfera publica da lugar al surgimiento del poder, de este modo creo que es posible afirmar que sólo hay poder donde hay política y cuando la política pierde el poder muere. De este modo puedo afirmar que el poder es lo que alimenta “la trama de los asuntos humanos y de las relaciones e historias engendradas por ellos”. Esto último es importante porque marca una nueva relación, la relación entre el poder y la memoria. Al respecto Hanna Arendt dice: “Sin la acción para hacer entrar en el juego del mundo el nuevo comienzo de que es capaz todo hombre por el hecho de nacer, <<no hay nada nuevo bajo el sol>>; sin el discurso para materializar y conmemorar, aunque sea de manera tentativa, lo <<nuevo>> que aparece y resplandece, <<no hay memoria>>; sin la permanencia del artificio humano, no puede haber <<memoria de lo que sucederá en los que serán después>>. Y sin poder, el espacio de aparición que se crea mediante la acción y el discurso en público se desvanece tan rápidamente como los actos y palabras vivas”. Es decir, es a través del discurso que se crea la historía y por lo tanto ésta es una relación de poder. La historía no es simplemente el desarrollo sistemático de acontecimientos pasados, lo que se cuenta a través de ella es lo que el poder nos permite contar y es así como se genera una nueva relación interesante de analizar, y esta es la relación entre el poder y el discurso.
En todas las sociedades la producción del discurso esta contralada, hay una selección de lo que se dice, algunas cosas no son dichas debido a los diferentes tabúes que hay dependiendo de la cultura, otras cosas se rechazan y otras se tachan de como falsas, esto dependiendo de quien tiene el privilegio de usar la palabra y hacerla llegar a un determinado número de personas, de este modo el discurso es producido por el poder a la vez que el poder es producido por el discurso, en una relación circular y mutuamente influyente. Aquí surje la cuestión de la verdad y el modo en que se presenta a través de los discursos, la verdad no entendida como un absoluto representante de la realidad sino como algo generado por nosotros mismos, entendiendo que todo saber existe en la medida que pueda ser expresado a través del lenguaje.
Cada sociedad tiene sus sistemas de verdad, producidos por el discurso dominante, el cual tiene sus muchas imposiciones, pero que además es capaz de producir cosas, entre las cuales se encuentran el saber y el poder. Al mismo tiempo que los discursos producen una verdad, ésta se vuelve productora de más discursos a los cuales da el estatuto de verdaderos y a la vez rechaza los discursos que estan en contradicción con ella, convirtiendose en parametro a la hora de decidir entre lo que será aceptado y aquello que no. Foucault define de este modo a la verdad: “el conjunto de reglas según las cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y se ligan a lo verdadero efectos políticos de poder”. A través de esta definición entra en juego otra vez el concepto de poder, como he dicho anteriormente el poder y el discurso se atraviezan mutuamente y la relación entre el discurso y la verdad se puede definir en los mismos términos, es decir de manera circular. Porque lo que sabemos y aceptamos como verdadero es aquello que el poder nos permite a través del discurso, por lo tanto verdad y poder no serían indistintos, muy por el contrario son lo mismo, aquello creado por un conjunto de personas a través de su discurso común.
A modo de conclusión diré que aunque el discurso suela entenderse como un mero medio de expresión o comunicación, cuya única utilidad es la entrgar la información desde el transmisor hacia el o los receptores, através de este ensayo, he tratado de mostrar que su papel es mucho más esencial, ya que la realidad sólo puede ser contada a través del discurso y a través de este también puede ser modificada, quise exponer además que es precisamente aquí,en las palabras, donde el poder juega su rol primordial y no en la violencia o la utilización de la fuerza como suele ser entendido comunmente, y es éste poder el que vuelve al discurso información en si mismo, regulandolo de acuerdo a con determinados propósitos o intereses, llegando de este modo, a igualar los conceptos de verdad y poder, entendiendo que la verdad es aquello que el poder nos permite saber y a la vez el poder es aquello que la verdad contiene cuando se transforma en parámetro de nuestras acciones y de lo que aceptamos como cierto o rechazamos como falso.
De este modo se puede inferir que ninguna realidad debe entenderse como “natural”, ya que nuestro acceso a la realidad esta intimamente ligada a la relación que establemos con el lenguaje y con las verdades que nos son entregadas a través de los diferentes discursos a los cuales tenemos acceso, dentro de los cuales opera el poder y la producción de verdad en los cuales, como anteriormente dije, se juegan determinanos intereses.
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1Arendt, Hannah; La Condición Humana, Paidós, Buenos Aires, 1993; pág 223
2Idem; pág 225
3Idem; pág 226
4Idem; pág 225
5Idem; pág 223
6Idem; pág 227
7Idem; pág 227
8Foucault, Michel; Microfísica del Poder, La Piqueta, Madrid, 1992; pág

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Julio 9, 2008 a 11:52 pm
pajarito
Trabajo realizado en el año 2006, cuarto año de Psicología, para electivo de formación general titulado: “Ética y Política en el pensamiento de Hannah Arendt”.