El eje central de nuestro trabajo se apuntala hacia la construcción que está realizando Hans de su fase edípica, que será primordial para su posterior formación del Superyó, clave en su camino hacia la inserción de él dentro de la sociedad, hacia la culturización, y al manejo y aceptación de las normas sociales.
Queremos enfocarnos en el rol desempeñado en los padres, desde el inicio de los intereses investigativos sexuales del pequeño Hans, que serán esenciales en su desarrollo, ya que son necesarios para la construcción del sujeto en tanto a lograr una moral sexual cultural, y que se encuentra adecuadamente focalizada.
Los pasajes que hemos elegido para presentar de una manera más concisa y probatoria nuestro trabajo se remontan desde que Hans aún no había cumplido los tres años de edad y en donde muestra un particular interés en saber si su madre posee un “hace-pipí” igual que él, para lo cual obtiene una respuesta afirmativa y, al mismo tiempo, será nuestro puntapié para comenzar con la investigación al tema a tratar. También frente al papel de la madre, quien quiere provocar una angustia en Hans, al momento en que él le pregunta a su madre el por qué no le toca su “cosita”, a lo cual su madre le responde diciendo porque es una “porqueria” y “no se debe hacer”. Y por último, al rol poco autoritario que tiene su padre cuando Hans acude al lecho de su madre y esta lo envuelve en su lecho, a pesar del reclamo del progenitor. Y el momento en que Hans le pregunta a su padre si está celoso porque él quiere quedarse con su madre, a lo cual adquiere una negativa de parte de su padre.
De acuerdo a esto, hemos creado un par de hipótesis que quisiéramos corroborar de cierta forma en este trabajo, de acuerdo a lo planteado por Freud:
La primera de ellas es el hecho de que Hans no ha logrado una configuración esperada en el Complejo de Edipo.
Como segunda hipótesis, que la función de los padres de normalizadores en el desarrollo psicosexual de Hans en la fase edípica, no ha sido la indicada en la configuración teórica del Complejo de Edipo.
Otro punto importante que no puede pasar desapercibido, ni descuidar, es en el mismo pasaje tomado anteriormente, donde Hans le pregunta a su madre si tiene un “Hace-pipí” obteniendo como respuesta de ella “¡Desde luego!”1, esta simple contestación, permite al niño construir una imagen de la madre en un ser “perfecto”, al ser su primer objeto de amor y también el hecho de poseer el encanto sexual esencial, la “zona erógena rectora”, su principal objeto sexual autoerótico y de alta estima, un pene (S. Freud, 1908). Pero, al tener todo lo que anhela comprimido en su madre ¿dónde se ubica el padre?, ¿qué papel desempeña él en esta etapa Edípica de Hans?, para responder a estas interrogantes hay que acercarse a lo que dice Freud frente al Complejo de Edipo. Señala que el niño tiene un deseo innato de tener relación sexual con su madre, pero se siente amenazado en la ejecución de estos deseos por el padre, que parece tener derechos de prioridad sobre la madre por lo que llega a ser un obstáculo para el hijo, mas siendo, además, un modelo a imitar por él y un rival por tener un falo, incluso más grande que él. Este es lo esperable dentro de la fase Edípica. Sin embargo, en el caso de Hans esto no ocurre así, ya que gracias a la respuesta que le da su madre, la convierte a ella en un objeto de deseo y admiración, papeles que deberían tener la madre y el padre respectivamente, funciones que deben distinguirse en cada uno de ellos claramente en el niño, como indica Freud. Por lo tanto, este error es hecho por la madre y no por el padre, aunque se puede apreciar que él tampoco discute esta respuesta de su señora a su hijo, ya que en un momento ella da la misma respuesta a Hans sobre la existencia de un pene en ella estando en presencia de su esposo, quien no lo refuta2.
Pese a lo anterior, creemos que hay algo más preocupante y más substancial de resaltar, en donde sí es el principal productor de una ineficiente colaboración en la construcción del Complejo de Edipo en Hans, y es el mismo padre, al papel que debe cumplir este progenitor y que no lo está haciendo adecuadamente. Esto podría quedar más claro con el siguiente fragmento:
“… Hans siempre acude temprano a nosotros, y mi esposa no puede dejar de tomarlo por algunos minutos consigo en el lecho. Sobre eso yo siempre empiezo a ponerla en guardia, que es mejor que no lo tome consigo, y ella replica esto y aquello, irritada tal vez: que eso es un absurdo, que unos minutos no pueden tener importancia, etc. Entonces Hans permanece un ratito junto a ella…”3.
Lo que indica este pasaje es que el padre no impone su autoridad sobre el hijo, y la madre tampoco lo ayuda en ésto, manteniendo una relación amorosa con su hijo en presencia de él, indicando de esta manera que el padre no es un obstáculo para Hans en su goce materno, ni tampoco un ser temible.
El padre más bien mantiene un rol especular; observa lo que le está sucediendo al niño y lo va anotando fielmente para presentárselo al mismo Freud, quien posteriormente cumplirá un rol muy importante para el desenlace de esta problemática. Además, al mostrar ser un padre cariñoso, atento, presente físicamente, pero ausente emocionalmente, no imponedor de reglas, quizás por el hecho mismo de querer realizar una buena indagación en lo que le está sucediendo a su hijo, lo cual produce que no desempeñe su rol de padre funcional.
Al sentir esta ausencia Hans, de su padre, no siente miedo hacia él, y por ello llega a ser ineficaz el papel del padre en el sentido de establecer o introducir una ley, lo cual Freud indica como una función relevante de parte del progenitor masculino, y que en cierto momento lo definirá Freud con el nombre de Complejo Paterno o Función del padre, que haga valer la ley simbólica, que es ante todo prohibición del incesto, que disponga un acceso mitigado al goce sexual, lo cual posteriormente podrá traducirse en el Complejo de Castración que sepultará en el varón el Complejo de Edipo y así asegura al yo contra el retorno de la investidura libidinosa de objeto y que son posteriormente desexualizadas y sublimadas, cambiando el objeto de amor (S. Freud, 1924).
Es el mismo Hans quien se lo hace notar cuando en un momento encara a su padre diciéndole que tiene que estar celoso por el hecho de que a él (Hans) le gustaría quedarse con su madre4. Esto demuestra que el niño siente una carencia de la función paterna al no ser un obstáculo a su vínculo edípico con su madre, dificultándose su finalización y, siendo más marcado que lo que debiera ser por vías adecuadas, en el cual interviene esta tercera persona que es el padre. El niño necesita de él para que se incorpore a la norma, un ordenador de lo prohibido, lo incestuoso. Depende del carácter del padre lograr la socialización o antisocialización, edificar las creencias, valores, etcétera, dentro del niño para su vida futura.
Al no cumplir este rol el padre de Hans, es el mismo Freud quien debe intervenir de esta manera como un padre para Hans, un padre más bien simbólico e imaginario, casi como un héroe, manifestando la prohibición del incesto. Es Freud el padre dentro de esta construcción del Complejo de Edipo en Hans.
De acuerdo al análisis clínico que hemos escogido, se podría decir que el Complejo de Edipo que presenta Hans no ha sido bien establecido gracias a los roles difusos y carentes por parte de ambos padres, y que por lo tanto, logran que el niño al no enfrentarse a la falta, a la prohibición, a la renuncia del objeto amado hacen que el niño no se vea inserto en la cultura a la cual pertenece y funcionar como cualquier niño de su edad.
Al haber esta carencia en Hans, a pesar de la presencia constante del padre ¿qué hacer para que el niño tome el curso “normal” en esta etapa edípica? ¿cómo restituir a este padre ausente para que asuma su papel de instaurador de la norma?
Frente al papel que tuvo que desempeñar Freud como el padre simbolizante, ¿fue la mejor opción que se pudo realizar? o quizás ¿hubiera resultado mejor que el padre real fuera el que asumiera el papel que le correspondía como instaurador de la ley? ¿pero cómo hacer que asuma este rol el padre de Hans?.
Son diversas preguntas las que nos surgen frente a este tema tan importante como es el Complejo de Edipo, que a la larga podría traerle difíciles consecuencias a la persona que no lo haya vivido correctamente.
1 Freud, S (1909) “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” Editorial Amorrortu. Argentina. Pág 8. Vol. X.
2 Ibíd., Pp
3 Ibíd., Pp
4 Freud, S (1909) “Análisis de la fobia de un niño de 5 años” Editorial Amorrortu. Argentina. Pág , Vol. X.

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Julio 9, 2008 a 11:47 pm
pajarito
Trabajo realizado en el año 2004, segundo año de Psicología para el ramo: “Introducción al Psicoanálisis”