Daniela Alarcón

Carolina Silva

Queremos situar este trabajo en el contexto teórico de la transferencia, aplicada a la observación en la sala de espejo de un niño de 14 años que llega al consultorio derivado del colegio. El motivo de consulta que describe el niño, y su madre en primera instancia, es una evaluación psicológica por presentar, en su escuela, problemas conductuales importantes, que lo han llevado a quedar “condicional”. Posterior al psicodiagnóstico, se le sugiere psicoterapia, la cual no ha tenido problemas de aceptar.

Ocuparemos para este análisis, entonces, la orientación lacaniana del concepto, ¿Qué es la transferencia desde esta perspectiva? Para comenzar a responder esta pregunta, es necesario aclarar brevemente, el concepto de Sujeto para Lacan, y así lograr comprender un poco mejor de lo que hablaremos: un Sujeto es lo que representa un Significante para otro Significante, por lo tanto, no se encarna en ninguna persona y en la situación analítica surge entre analista y analizante.

A partir de esta aclaración, es posible comenzar a trabajar con el concepto escogido. La dinámica de la transferencia es un hallazgo clínico de Freud, quien trabajaba con la técnica de la asociación libre. Pedirle al paciente que asocie libremente, no es sin consecuencias., es decirle “hable todo lo que se venga en la cabeza” y formar una relación muy particular que es la transferencia, esta es muy diferente, por ejemplo, al vinculo intersubjetivo el cual esta en el área de la psique, de la psicología mientras que la transferencia esta en el área del psicoanálisis, es decir, la transferencia, desde esta perspectiva, no tiene nada que ver con lo que sentimos. La asociación libre es decirle al paciente “olvídese de mi”, “hable cualquier cosa”, no es una conversación, en las conversaciones no hay significantes, hay signos o significados, por lo que en la conversación habría que hacer que los significantes signifiquen correctamente lo mismo que los significados, ¿Y quien sabe eso? Ahí esta la psicología, no Freud y no Lacán. Entonces Freud, a partir de la asociación libre se dió cuenta de que en algún minuto se producirá una ausencia de representación, de significantes, donde hay una ausencia Real: “Me refiero al caso en que realmente faltan, y no, por ejemplo, cuando son silenciadas por él a consecuencia de un trivial sentimiento de displacer” 1. Lacán entonces descubre en el texto freudiano una vía por la cual es posible intervenir en lo Real, es decir, donde la causa está presente. Freud además se da cuenta de que en este espacio de no representación, de repetición que se produce en la clínica analítica y que no tiene que ver con la repetición del pasado ni con la repetición de significantes, los pacientes ponen en escena al analista, es decir, lo resitúan en una posición de falta total, en el lugar de un objeto que no está, que se presenta sin mediación simbólica, a este objeto Lacan lo llama objeto a, ese objeto es un objeto que no existe, es tan real que no existe, que no posee particularidades, que se caracteriza por no tener representación, es un objeto causa y lo que causa es la transferencia. Al ser un objeto que brilla por su ausencia, al no existir, puede producir un afecto muy particular, que es la angustia: angustia de castración. Esto posibilita el elaborar significantes y ponerle significantes a eso que no tiene. Es importante, por esta misma razón, actuar en ese lugar, porque se está actualizando un goce esperado en el neurótico, ahí está la posibilidad de intervenir en ese goce.

De esta manera la transferencia también puede definirse como un lazo erótico, lazo que toma la forma del amor, pero no cualquier amor, sino un amor al Saber. De este modo el síntoma, (que en este caso consideramos que serían los “problemas conductuales en el colegio”) es un intento por resolver un conflicto, una sustitución que viene a tratar de solucionar algo (por eso se repite, y por eso es posible decir que ahí hay una causalidad) entonces puede apelar al saber por la vía del lazo amoroso. Otra cosa que no se puede dejar de mencionar, es que el inconciente puede ser definido como un saber que el sujeto ignora. El inconciente es el lugar de la determinación de todo lo que es hablado a través de nosotros y a pesar de nosotros, el lugar del discurso del gran Otro, el lugar del gran Otro. El analista viene a ocupar ese lugar, el lugar del inconciente, el lugar de ese gran Otro que “sabe sobre mi sufrimiento” y vamos a amar a ese que supuestamente sabe sobre lo que nos acontece, he ahí la transferencia.

Cuando se apela al saber, es el momento en el cual aparece la queja, la demanda, la pregunta, que hace que el síntoma entre en el análisis. En la obra de Lacan podemos encontrar que se evidencia una relación entre demanda y transferencia, y su uso para que haya análisis y surgimiento del deseo. Entonces, es el síntoma lo que se vuelve transferencial, ya que el analizante pone al analista en el lugar del inconsciente, de ese saber no sabido, y de este modo, el que sabe es el Otro (analista) y por eso la queja se dirige a él (que sabe) que se vuelve, de este modo, complemento del síntoma, su otra mitad, permitiendo que el síntoma se despliegue y se pueda intervenir sobre el. Esa es la dinámica de la transferencia: un analizante que dirige un síntoma, y un analista que lo hace suyo.

La hipótesis que queremos plantear, es que en este caso clínico no hay transferencia. Y no hay transferencia porque en el discurso del paciente no hay queja, refiere que las cosas le suceden y parece que en él no hay ninguna responsabilidad por las cosas que le ocurren. No se interroga a sí mismo, por lo tanto, tampoco le es posible dirigir una demanda al otro, su síntoma no apela al saber del terapeuta en ese sentido, y si no existe una demanda dirigida a un otro, ese otro no puede volverse el complemento de su síntoma, y no se lo puede apropiar, no se vuelve transferencial.

El verdadero clínico va más allá que los terapeutas, busca que el síntoma del que habla el paciente se le dirija simbólicamente a partir de una demanda para convertirse en la otra mitad del síntoma, porque es recién aquí, cuando el analista hace suyo el síntoma, cuando este se despliega y se puede intervenir sobre el goce. Sobre esto Lacan dice: “Sólo el amor permite al goce condecender al deseo”2, nosotras escribimos: sólo el amor al saber permite al goce del síntoma condecender al deseo. Es decir: hay que trabajar en transferencia, no con la transferencia. Si no hay, desde un principio, una demanda hacia el analista, entonces se trunca todo este trabajo del que hemos hablado. Con respecto a las sesiones en espejo podemos decir, desde esta perspectiva, que no hay transferencia de ninguna clase, por eso jamás algo que ha dicho el terapeuta ha producido efecto en el niño, al contrario, él sigue sintiendo que las cosas le pasan, no se responsabiliza por sus actos y viene al tratamiento sólo por la ganancia secundaria de poder seguir en el colegio que le gusta. Quizá también hay vínculo, y un buen vínculo, si bien produce efectos, no tiene nada que ver con la transferencia.

1) Freud, Sigmund; Sobre la dinámica de la transferencia, O.C vol. XII. Amorrortu editores, Argentina, 1993.

2) Lacan, Jacques; Seminario 10: La Angustia, clase 14, Paidós, Argentina, 1981.