“W o el recuerdo de la infancia”: curioso titulo eligió Perec para la que podríamos llamar su pequeña autobiografìa, curioso digo por aquella conjunción: la “o”, que nos da la posibilidad de escoger entre dos posturas, la primera sería la de elegir entre “W” o bien “el recuerdo de la infancia” como alternativas, como cosas diferentes entre las cuales escoger. La segunda es la de leer el titulo como dos opciones para la misma cosa, aquí lo que se denota es equivalencia, es decir: a la misma cosa se le puede llamar “W” o bien “el recuerdo de la infancia”. Con esta última opción me quedo yo, la opción que me permite ubicar a “W”, ese relato escrito por Perec al rededor de los 13 años, como el recuerdo de infancia que viene a llenar esa frase con la que comienza su relato: “No tengo recuerdos de infancia”.
Antes que todo quisiera hacer una ubicación temporal del autor: George Perec nace en París y su infancia estuvo marcada por la ocupación nazi en Francia, su padre muere en la guerra y su madre es deportada y muere en un campo de concentración. Es precisamente aquí donde esa frase, que resulta ominosa, cobra sentido: “No tengo recuerdos de infancia” ¿será que le fue imposible vivir una infancia propia? Al parecer la respuesta es sí, y el mismo lo pone de manifiesto: “Estaba eximido: otra historia, la Grande, la Historia con su gran hache había respondido por mi: la guerra, los campos de concentración” (1). La Historia, con mayúscula, ocupó el lugar que debía tener la historia de su infancia.
Entonces, ese vacío que supone el hecho de no tener recuerdos de infancia puede ser colmado, y hay dos opciones para hacerlo. Primero; con el cuento que escribió en su infancia. Segundo; con la la Historia y su gran hache. ¿Serán ambas cosas en verdad diferentes?. Quizá lo más lógico es pensar que lo son, después de todo los hechos historicos cuentan guerras y holocausto, sin embargo, al detenerse en las características de esta ciudad deportiva, a la cual Perec pone el nombre de “W”, cualquiera se daría cuenta que de que es bastante similar a un campo de concentración, y uno donde el deporte tiene el rol primordial. Es una ciudad, verdaderamente militarisada, en torno al deporte y al triunfo.
En este punto creo que hay que hacer una salvedad, porque es muy importante tener en cuenta que lo vivido, lo recordado y lo narrado nunca se corresponden, en todo recuerdo entran en juego procesos de olvido y represión. Y en esos dos conceptos me detendré.
A primera vista olvidar pareciera tener el estatuto contrario del recuerdo, una especie de opuesto, sin embargo, el olvido va más allá del juego recordar – no recordar, el olvido es la cesación de una memoria previamente existente, por lo tanto, si hay olvido no hay recuerdo posible. Recordar, como posibilidad, surge entonces de este segundo proceso, la represión, que puede ser entendida como una especie de bloqueo, en el cual no hay acceso al recuerdo, pero este no ha desaparecido.
En el interjuego de los dos procesos previamente mencionados, surge un tercer agente que interfiere en la construcción de nuestra memoria, esos son los recuerdos encubridores, Freud dice: “En muchos casos he recibido la impresión de que la consabida amnesia infantil, tan sustantiva para nuestra teoría, está contrabalanceada en su totalidad por los recuerdos encubridores. En estos no se conserva sólo algo esencial de la vida infantil, sino en verdad todo lo esencial” (2) De esto podemos concluir dos cosas: Perec no se equivoca al decir “no tengo recuerdos de infancia” y es más, no hay recuerdos de infancia porque todo recuerdo es un recuerdo encubridor.
Cuál es el recuerdo encubridor de Perec? El mismo nos da una pista: “A los 13 años inventé y dibujé una historia. Más tarde, la olvidé. Hace 7 años, una noche en Venecia, me acordé de repente que esa historia se llamaba “W” y que era, en cierto modo, si no la historia, al menos una historia de mi infancia”(3). Es el mismo Perec quien otorga a su relato el estatuto de recuerdo, de historia, y como antes lo propuse creo que “W” es una metaforizacion de esa gran Historia que lo imposibilita de tener la suya propia.
Pero, ¿hasta que punto su historia esta imposibilitada? Sin duda el tuvo su propia historia, fue hijo, sobrino, nieto, primo, etc. Por lo tanto, que sea otra la que ocupe ahora su lugar habla no de una ausencia de recuerdos sino más bien de un bloqueo de ellos, lo cual resulta bastante lógico si se piensa que algo debe estar encubriendo un recuerdo encubridor. Sin embargo, también es lógico pensar que algo debe ocurrir con aquellos recuerdos bloqueados, si es que efectivamente no desaparecieron en el olvido.
Los recuerdos reprimidos, al no ser recordados, y efectivamente no haber desaparecido, cobran la vigencia que les corresponde a través del acto, y no cualquiera, sino uno que puede ser definido, simplemente, como una constante repetición. Entonces, aquello que no entra en nuestro discurso conciente, eso que queda fuera, que escapa de la simbolización, de la puesta en lenguaje, encuentra otro camino: la vía de la repetición. Y se repiten síntomas, actitudes, etc. Todo a pesar de uno mismo.
¿Qué repite Perec? Perec escribe. Escribe ese relato que considera, al menos uno, de sus recuerdos de infancia, y escribir no es cualquier cosa, escribir es lo que deja marcas, lo que funda la historia, lo que da la posibilidad de que surja la diferencia: “Lo único que queda de una experiencia es la inscripción en que consiguió su verdad comunicable y perdurable. La incongruencia entre los hechos ocurridos y la elaboración simbólica poco importa toda vez que es ésta lo único que los hace repetibles en el tiempo _e irrepetibles porque repetibles, esto es: legibles y recordables.”(4) ¿importa lo que Perec vivió en su infancia? La respuesta no resulta fácil, por un lado la repetición supone algo del orden de lo inconciente que viene a insistir, por otra parte, Perec, al escribir ese relato y darle el estatuto de recuerdo de infancia está simbolizando lo acontecido, y este cuento sería lo único posible de ser narrado y leido, lo demás está perdido.
Como conclusion diré que “W” es efectivamente aquello que ocupa el lugar de un recuerdo de infancia, como metaforización de de los acontecimientos que marcaron su infancia, como todo recuerdo es un recuerdo incompleto por el sólo echo de jugarse en el campo de la palabra, aquello que se resta cobra la forma de una insistencia, que en Perec puede ser la escritura, mientras que eso que logra simbolizarse acontece como verdad subjetiva y cobra significado a posteriori, significado que depende de lo que se decida narrar y a la vez leer.
(1) Perec, George; W o el recuerdo de la infancia, LOM ediciones, Chile, 2005; pág 10
(2) Freud, Sigmund; Recordar, repetir y reelaborar, O.C vol. XII, Amorrortu editores, Argentina, 1993; pág 150
(3) Perec, George; W o el recuerdo de la infancia, LOM ediciones, Chile, 2005; pág 10
(4) Pérez Villalobos, Carlos; Dieta de Archivo: memoria, crítica y ficción, Editorial ARSIS, Chile, 2005; pag 90

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Julio 9, 2008 a 11:58 pm
pajarito
Trabajo realizado en el año 2007, Quinto año de Psicología, para electivo “Literatura y Psicoanálisis”.
Julio 10, 2008 a 12:28 am
W : el recuerdo de la infancia « Espejo Azul
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